29 marzo, 2012

La Caza (Fragmento)

II

"Somos cuatro; Roma, que la hacía de cerrajero, Junio que es nuestros ojos, Veinte, que es nuestra conciencia y quién piensa siempre en frío, y yo; Voz, que organizo las salidas, las entradas, el transporte y preveo situaciones imprevistas."

Junio y yo vivíamos cerca desde niños y creo que nuestra afición a meternos a las casas empezó desde entonces. En aquellos tiempos ser niño era una ventaja porque la malicia se vincula con la edad y ciertamente no éramos malos, porque nunca nos ha gustado robar. Solíamos salir a la calle a jugar y vagar por nuestra colonia y las aledañas, donde teníamos amigos y lugares que nos gustaba visitar. En nuestra colonia hay muchos edificios de departamentos, así como condominios, pero también muchas casas normales y eso ara nuestra inspiración. Probablemente por esa razón y con el tiempo desarrollamos una afición a las azoteas de los edificios de departamentos, creo que estuvimos en todas las azoteas de los edificios de la zona. Ser niños era fácil, nadie te da importancia y los que te la dan no te consideran un peligro. Desde entonces las azoteas para mí en particular tienen una consideración enorme, me gustan mucho; son como jaulas sin rejas o barrotes, me recuerdan lo pequeño que soy y lo grande que es el mundo.

Hace meses comencé a trabajar en un despacho que está en el piso 14, de una colonia céntrica de la Ciudad de México. Es una experiencia nueva porque yo siempre viví en una casa de dos pisos y no estaba acostumbrado a los ruidos, a los olores, a la gente que pasa platicando o corriendo o que brinca en el piso de arriba. Pocas semanas me bastaron para comenzar a tener interés en la azotea y como el despacho está en el penúltimo piso, a la salida del elevador que lleva 40 años dando servicio, está una reja blanca y a través de ellas se pueden ver un medio piso y arriba sobre mí el otro piso, es decir dos zotehuelas como azotea. Cada zotehuela dividida por dos puertas negras una de frente a la escalera y la otra a la derecha. Hasta el día de ayer, esa reja siempre estuvo cerrada con llave.

Desde que llegué ayer, noté que estaba sin llave y como no tiene manija por fuera sólo se abre con otra llave, supe rápido como abrirla, vi a Roma hacerlo mil veces. Usé el cable del celular, lo metí en un cuadrito metálico de la reja agarrando los dos extremos que no están unidos y jalando hacia mí, abrí sin problemas la reja, sinceramente mi preocupación era que algún vecino me estuviera viendo por el rabillo de la puerta o por el ojal, así que me apresuré a meterme.
Al jalar la reja chocó con la lámpara del pasillo e hizo un ruidillo metálico, pero el techo estaba marcado con muescas de que así sucede cada que se abre la puerta y me sentí confiado. Comencé a subir las escalerillas y me percaté de pronto que esta situación era diferente, yo iba a trabajar así que traía puesto un blazer café y zapatos de vestir y mi mochila y el cable del celular aún en la mano, sinceramente no sentí miedo o ganas de irme, sentí adrenalina que tenía mucho sin sentir y me encantó.

Una de mis reglas para las incursiones que siempre necesitan de un plan, que virtualmente tenía pero por la experiencia de otras entradas que ya había hecho. Me sentí incómodo por llevar esas ropas sin embargo sólo guardé el cable en la mochila y seguí subiendo, vi una puerta con un vidrio roto, tenía un pestillo regular, pero con candado, así que sólo me asomé  y percibí, muy para mi sorpresa que las jaulas donde se supone que la gente cuelga su ropa para que se seque estaban todas vacías, algo que se me hizo increíble. Entré a la zotehuela de la izquierda, hace un poco de sol y el viento es fresco volteo para todos lados y veo unas caguamas vacías en el piso, lo cual me parece muy razonable, giro para el otro lado; nada. Salí de esa zotehuela y subí el medio piso restante, me encuentro con otras dos puertas en igual distribución, una  de frente y la otra a la izquierda, ambas con pestillos igualitos de las cuales veo que ninguna lo tiene puesto, me acerco y veo que una jaula, sobre su techo de reja, soporta una cantidad grande de ropa, creo que sin exagerar habría entre 10 y 20 kilos de ropa, de todos colores, de todos tamaños indistinta, era tanta que la reja se vencía hacia abajo y hacía como una cazuelita de reja. Eso, si se me hizo muy extraño, pero no lo relacioné con nada, de frente y con mucho interés vi una jaula que tenía paredes de lámina de metal y techo de lámina y lonas y tubos y... ¿Alfombra? No pensé en nada, más que en ver que había, no había hecho ruido y no escuchaba nada, así que jalé el pestillo que ya estaba jalado, sonreí y empujé la puerta que se abrió con un poco de dificultad, hizo un leve ruidillo y cedió como si fuera la puerta más limpia y aceitada de todas, caminé unos pasos, veo de lado la jaula con ropa en el techo y me detengo en seco para ver que la puerta está abierta y tiene como una cortina hippie de maderitas... Creo que alguien vive ahí y entonces si me sentí completamente inseguro de qué hacer, porque no me esperaba eso, para nada. En como tres segundos, pensé que si quiero ver lo hay ahí, así que doy otro paso y arriba de ese edificio parecía que era el único en el mundo, ni los coches suenan, ni gante sólo la jaula, los pisos rojos impermeabilizados y yo. Tengo cierto miedo de asomarme y ver a alguien porque no tengo excusa para entrar ahí, como trabajo en ese edificio no tengo llave para la azotea y creo que nadie tiene, porque no se usa, sólo de alguien que viviera ahí. No me asome por miedoso y me regresé por donde vine sin cerrar la puerta, bajé medio piso, bajé el otro medio y veo que hay huellas en el piso terregoso, alcanzo a distinguir que no son muy grandes lo que me da alivio y que son de unos tenis Vans, clásicos con como ¿octágonos? pegaditos. No me preocupo más, abro la reja del piso, pega con la lámpara, la cierro y pido el elevador.

Cuando llego abajo aún no pienso nada porque fue una entrada limpia y me felicito mentalmente por no haberme arriesgado, iba sólo. No tenía a Junio para ser mis ojos, ni un Escondite, sólo las ganas de ver y nunca había pensado que resultara tan interesante. Pido mi coche y me voy, pasó un día y miré que sigue sin llave la reja, planeo volver a mirar dentro; sí.